Atentados en Bruselas y emigración española en Bélgica

En relación con los atentados islamistas acaecidos hace unos días en la no tan europea ciudad de Bruselas, el equipo editorial ha solicitado en exclusiva un artículo sobre los sucesos a nuestro colaborador Juan Mª Fernández Krohn, residente desde hace ya largos años de dicha ciudad.

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Atentados de Bruselas. ¿Qué decir? ¿Qué escribir sobre el tema —como ahora se me pide— en mi calidad de testigo directo de primera mano por razón de los largos años que llevo residiendo en la capital de la U.E., y más aún (treinta años ya) en Bélgica?

De entrada, habría que barrer de un manotazo o de un golpe de aspiradora todo ese buenismo que nos asfixia y que nos invade en materia de terrorismo islámico y de otra temática que le está íntimamente relacionada, a saber la invasión silenciosa protagonizada desde hace décadas por la inmigración de confesión musulmana.

La masiva inmigración musulmana en Bélgica que arrancaría en 1964, es —si se descuenta el caso francés— tal vez las más antigua de Europa occidental. Pero hay que remontarse aún mas atrás si se quiere sacar una visión lo más amplia y objetiva posible de este fenómeno —y de sus secuelas— hasta 1950, cuando tuvo lugar lo que los belgas llaman cuestión monárquica —question royale— en la que cabe ver una secuela de la Segunda Guerra Mundial en Bélgica o uno de sus últimos coletazos.

Y fue la situación que se planteó tras el referéndum al que el entonces monarca reinante Leopoldo III, padre de sus dos sucesores, Balduino y Alberto II —padre del actual—, se vio sometido de resultas de su postura favorable al III Reich y a las potencias del Eje durante la Segunda Guerra Mundial y la ocupación alemana de Bélgica, y que se saldaría —pese a al resultado del referéndum, fraudulentamente intepretado por la izquierda— con la abdicación forzada de Leopoldo en favor de su hijo Balduino.

Desde entonces, durante más de sesenta años, la correlación de fuerzas políticas en Bélgica se vería, a pesar de la alternancia obligada de su régimen político, decantada invariablemente hacia la izquierda o el centro izquierda. ¿Patronos de derechas o socialistas —y sindicalistas de izquierdas— los responsables del efecto llamada que se produjo en relación con la corriente inmigratoria procedente de Marruecos, de la región del Rif nota bene, antiguo protectorado español en su inmensa mayoría?

Está claro que si la influencia del sector patronal fue determinante, la iniciativa política de la acogida se la reservaría la la izquierda, léase el socialismo belga. Como lo ilustra el que los principales núcleos de concentración de inmigración magrebí, auténticos guetos en alguno casos como el de Molenbeek, teatro de los recientes acontecimientos se situaran en «comunas» —léase ayuntamientos dentro de la aglomeración (descentralizada) del casco urbano de Bruselas—, regidas por ediles socialistas, como el caso emblemático de Philippe Moureaux, alcalde longevo e incombustible de Molenbeek durante veinte años, hacia quien se dirige ahora todas las miradas y no pocos dedos y voces acusadoras.

El partido socialista belga francófono fue —nota bene— y lo sigue siendo, gran padrino —en el plano político— del grueso de la emigración española en Bélgica años sesenta. Los integrantes y descendientes de ésta, vecinos de zonas geográficamente colindantes —me refiero a la geografía urbana de Bruselas— con barrios de mayoría musulmana por regla general, se encuentran hoy a fe mía en una situación delicada e inconfortable —inestable—, a imagen y semejanza de lo que ocurre con el socialismo belga de cara a la polémica desatada en la opinión pública belga y extranjera por los atentados de Bruselas.

Como lo ilustran las declaraciones de uno de esos educadores callejeros —destinados hacer de tampón mediador entre la comunidad emigrante marroquí y las autoridades—, de un nombre y apellido españoles emblemáticos en extremo, a un programa especial radiotelevisivo tras los atentados, donde afirmaba condenar el atentado y a la vez el vivirse en el mejor de los mundos en los barrios musulmanes de su «comuna» (Schaerbeek), intentando quitar hierro a toda costa a la reacción hostil de adolescentes magrebíes, la tarde del atentado, tirando piedras a las fuerzas del orden en una de los registros domiciliarios realizados en el barrio.

¿Del lado del Orden y de la Civilización Europea, la inmigración española —años sesenta— en Bruselas y sus descendientes, o del del chantaje multiculturalista, de la ofensiva —islamista— en el choque de culturas y de la invasión silenciosa? A definirse tocan.

Juan Mª Fernández Krohn

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