Sobre wahhabitas, islamistas y tirabuzones

 

Resulta chocante que el régimen wahhabita instalado en Riyad, cuyos vínculos con el terrorismo islamista internacional son cada vez más evidentes, declare la guerra al autoproclamado Estado Islámico, al cual ha estado financiando junto al tirano de Erdogan desde su escisión de al-Qaeda. Sin pudor alguno.

El anuncio de la intervención se produce, lógicamente, obviando el consentimiento del electo gobierno sirio y sus aliados; o en otras palabras, violando la soberanía nacional siria. Ni punto de comparación con la intervención antiterrorista rusa, que fue solicitada en su momento por vías diplomáticas. El Derecho internacional es de nuevo ignorado por los abanderados de la democracia —en su metamorfosis liberal-representativa, claro— y la libertad.

Pero no es esa la cuestión. La paradoja recae en que sean los wahhabitas de la Casa de al-Saud, supuestos ulemas de la religión de los Derechos Humanos —aquellos mismos que, siguiendo la tradición judaica, lapidan mujeres y decapitan disidentes en las calles de Medina—, quienes se levanten ahora en armas contra la bestia islamista que ellos mismos han criado y amamantado en Siria por cinco años.

Es paradójico que un régimen tiránico, pseudosalafista, herético y dictatorial como el saudita quiera, de la noche a la mañana, aniquilar al Daesh. Y digo «tiránico y dictatorial» porque no se ha visto jamás en la Historia del Hombre un país que adopte el nombre de la casa que lo gobierna. O mejor dicho, una casa regia que ponga su nombre familiar a los territorios que domina —la Casa de al-Saud ejerce una clara hegemonía en la Península arábiga desde mediados del s. XVIII; de ahí  el nombre del reino, Arabia «saudita»—, al igual que si del patrimonio familiar se tratara.

Es constitutivo de delito contra el intelecto que el inflexible y absolutista régimen saudita, el cual, recordemos, no permite en sus dominios otro culto religioso que el islámico, se presente en el tablero internacional como la fuerza antiterrorista libertadora de Siria.  ¡El penúltimo reducto absolutista sobre la faz de la tierra ! ¡El sostenedor mundial del salafismo! ¡Éstos son los que quieren acabar con el Daesh! ¡Con sus hermanos! Cainismo fratricida o canibalismo: no sabría decantarme.

Lo cierto es que éste es un punto de inflexión crucial en la Guerra siria. Falta por ver la respuesta rusa ante tales acontecimientos, sin mencionar el hecho de que se pueda producir también una intervención iraní a gran escala.

El conflicto es de una trascendencia enorme, y la atrevida declaración, un punto de «no retorno». La escalada bélica puede ser brutal, y podría llegar incluso a involucrar a Rusia o a China.

Extraña, sin embargo, tan descarado atrevimiento, sobre todo si se tiene en cuenta la inexperiencia del ejército saudí. Vale la pena traer a la memoria del lector que las fuerzas sauditas son incapaces de vencer a los rebeldes houthies en Yemen, unos nobilísimos y heroicos chiítas que luchan embotados en alpargatas y cubiertos por turbantes contra la fuerza de uno de los regímenes más ricos del mundo.

No es casualidad, por otro lado, que el anuncio de la intervención se produzca justo ahora. Mientras muevo mi pluma, las fuerzas de resistencia siria arrebatan grandes parcelas de terreno a los terroristas en la gobernación de Latakia —que está a punto de ser liberada—, en Daraa, en Homs y en Alepo. Si esta última ciudad es tomada, la estructura paramilitar de los rebeldes se desmoronará en todo el norte del país. El avance de los lealistas sirios está siendo implacable. Y al rescate de los enemigos de la civilización, de los terroristas, acuden las fuerzas atlantistas.

Ahora que las defensas de los islamistas, avanzadilla tácita de los intereses norteamericanos, turcos y wahhabitas en la zona, se desmoronan, John Kerry pide un alto al fuego. Ahora que los terroristas están siendo barridos del territorio sirio, Arabia Saudita y Turquía intervienen. Insisto: no es casualidad.

*                     *                     *

La desvergonzada intervención saudí estará capitaneada y respaldada por los E.E.U.U. y Gran Bretaña, valga decir, por Israel.

Las influencias israelitas en el wahhabismo de las que Manuel Galiana advertía en su libro Yihadismo Wahhabita son evidentes. El impulso sionista es claro ahora.

Siempre dije que el Daesh era tan sólo una excusa; el pretexto para intervenir en Siria; de la misma manera que los autoatentados del 11-S fueron el efugio americano para invadir primero Afganistán y, después, Iraq. Pregúntenle si no a Larry Silverstein, financiero judío y dueño del complejo financiero World Trade Centre de Nueva York, dónde estaba en aquella fatal fecha.

El juego consiste en provocar por cualesquiera medios sean una serie de eventos terroríficos y desgarradores que conmocionen a la opinión pública; acto seguido, se desencadena por su propio peso una ola de indignación generalizada en el seno de las conciencias de los hombres,  y comienzan las manifestaciones propagandísticas y populares en repulsa por dichos acontecimientos. Por último, tras haber paralizado y sometido al ojo popular, sigue un premeditado e incesante bombardeo mediático que exigirá atajar el problema de raíz. Así, en cuestión de tiempo, la intervención en cualquier campo estará justificada de cara al escrutinio público, y los intereses del Poder, salvaguardados. Es ingeniería social de masas; una táctica loable. Los ejemplos son incontables: Estado Islámico, refugiados, 11-S, Guerra de Iraq, Guerra de Afganistán…

Las analogías son evidentes. Y aún más si se contrasta con la indiscriminada invasión de Libia en 2011. Todo aquel que hace experimentos con el sistema financiero, es declarado enemigo número uno de Occidente. Sadam Hussein, Gadafi, Asad y un largo etcétera. Debe ser que los tirabuzones de Wall Street y la City se erizan cuando sus sucias manos dejan de controlar el flujo financiero-monetario.

Dice el Deuteronomio , el último libro de la Torah, en el capítulo 15: «Al extranjero podrás prestarle a interés, pero a tu hermano no le prestarás a interés; […] Pues el Señor tu Dios te bendecirá como te ha prometido, y tú prestarás a muchas naciones, pero tú no tomarás prestado; y tendrás dominio sobre muchas naciones, pero ellas no tendrán dominio sobre ti».

He aquí expuesta la verdad sobre el preclaro enemigo sionista. Todo encaja, una vez más.

Diego Ayllón

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