Israel continúa trasplantando órganos de jóvenes palestinos asesinados

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Lo denuncia el embajador palestino ante las Naciones Unidas (ONU).

El embajador palestino en las Naciones Unidas (ONU), Riyad Mansour, afirma que el régimen de Tel Aviv está trasplantando, sin autorización, órganos de palestinos asesinados en encuentros con las fuerzas israelís en los territorios ocupados por éstos últimos.

En una carta escrita el pasado octubre del 2015 al Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, Riyad  Mansour ha declarado que los cuerpos de los palestinos asesinados por las fuerzas israelís “se les extraen las córneas y otros órganos, como se confirma ulteriormente a raíz de los órganos transplantados por parte del poder ocupante.”

Y todavía más: “Un examen médico realizado sobre los cuerpos palestinos retornados (en el pasado mes de octubre de 2015), después de haber sido asesinados por la potencia ocupante, ha evidenciado que les faltaban órganos”, ha escrito Mansour en la carta.

Issa Qarage, responsable del Club de los Prisioneros y ex-Prisioneros, ha declarado, en los primeros días de enero, que hay evidencias de tortura y golpes salvajes sobre los cuerpos de innumerables víctimas palestinas. En resumen, los soldados del ejército más legitimado moralmente del Oriente Medio, golpean a las víctimas después de haberse constatado la muerte.

De hecho, Qarage ha afirmado que no se conocen casos donde se ensañen tanto con las víctimas después de haberlas asesinado, ni contra sus familias, poniendo restricciones a sus sepulturas o funerales, a excepción de Israel.

Además ha señalado que el tratamiento que se le dispensa a los cuerpos de los palestinos después de haberlos asesinado es, por parte de Israel, un signo vergonzoso que desafía todos los valores humanos y religiosos. “Israel ha matado deliberadamente a civiles e impide a sus familiares la recuperación de los cuerpos de estas víctimas, que son ultrajados como carcasas sin valor, y cuando son finalmente devueltos los asesinos (Israel) dictan sus propias condiciones con una arrogancia sin precedentes que lo convierte en un doble crimen.”

Los cuerpos son entregados a sus familias, bajo rigurosas condiciones que incluyen el tiempo, el lugar y el número de asistentes en los funerales. Esta medida sirve para impedir que se efectúe autopsia alguna sobre las víctimas, desde el momento en el que Israel ha sido acusado de extraer órganos y de cometer otros ultrajes sobre los cadáveres conservados en cámaras frigoríficas.

La cuestión del robo de órganos por parte de Israel ha salido a la luz en un artículo de Donald Boström, “Roban los órganos de nuestros hijos”, publicado en el diario sueco Aftonbladet en 2009.

También en el diario americano The New York Times se publicó, en un informe de agosto de 2014, que los mediadores en los trasplantes de órganos en Israel se habían embolsado cantidades ingentes de dinero. Según el análisis del Times sobre los más importantes casos de venta de órganos a partir del año 2000, los israelís han tenido un papel desproporcionado en el tráfico de órganos.

Sobre la cuestión de la extracción no autorizada de órganos por parte de Israel ha sido investigada durante 10 años por el FBI, porque no solo los palestinos eran víctimas. Se estima que, solamente en el mes de octubre, Israel habría retenido los cuerpos de 28 palestinos y 268 cuerpos de combatientes iraquíes, jordanos y marroquíes.

Por aquello que concierne a los palestinos, uno de los casos más notables de extracción no autorizada de órganos es aquel de Muhammad Shmasanah, de 22 años.

El pasado 12 de octubre, el joven trató de matar a un soldado israelí en el autobús de la línea 185, después de sentarse a su lado. Tras haberlo apuñalado con un cuchillo, habría intentado quitarle la pistola, pero fue acribillado por el fuego desencadenado por otro policía y dos pasajeros civiles.

Su cuerpo fue entregado a la familia el 4 de noviembre de 2015 sin las córneas. El Ministerio de Sanidad del AP emitió un comunicado oficial en el que se podía leer que el descubrimiento se había hecho en el obituario, después de la entrega del cuerpo.

Los cuerpos de las víctimas palestinas son retenidos y custodiados por los israelís durante largos periodos de tiempo antes de ser devueltos a sus parientes. Este procedimiento es una tortura para las familias de las víctimas. Es costumbre en el Islam sepultar a los muertos dentro de las 24 horas del deceso. El ritual prevé lavar el cuerpo y envolverlo en un paño, hacer plegarias amorosas para rescatar su alma y agilizar la transición de este mundo. El ritual de la sepultura es terapéutico, ayuda a los parientes a afrontar la realidad de la muerte de un ser querido.

En algunos casos, las autoridades israelís han convocado a las familias de los mártires para identificar los cuerpos de sus hijos o hijas. Los oficiales se han apresurado a decirles que no los verían más.

Los cuerpos son despojados de sus vestimentas e introducidos en sacos de plástico negros.

Es necesario volver atrás, al año 1992. En aquel año Ehud Olmert, entonces ministro de sanidad israelí, lanzó una campaña con la que se trataba de afrontar la cuestión de la insuficiencia de órganos, creando un registro especial de donantes. Desde entonces comenzaron a desaparecer jóvenes palestinos de los pueblos de Cisjordania y Gaza. Los soldados israelís devolvían los cuerpos cinco días después, con los cuerpos destrozados. Circulaban rumores de un notable aumento en las desapariciones de chicos jóvenes, y de los funerales nocturnos en los que los cuerpos eran sepultados tras la autopsia.

Bilal Achmed Ghanem, de 19 años, ha sido uno de los 133 palestinos que fueron asesinados durante aquel año.

Según las estadísticas palestinas, las causas de los decesos eran: disparo de arma de fuego en la calle, explosión, gas lacrimógeno, golpes intencionados, ahorcamientos en prisión, disparos con arma de fuego en la escuela, asesinado mientras estaba en casa etc. Las 133 personas que perdieron la vida durante aquel año comprendían grupos de edad que iban desde los 4 meses hasta los 88 años.

Las familias en Cisjordania y en Gaza estaban seguras de saber exactamente aquello que estaba sucediendo: “Nuestros hijos son usados como donantes no voluntarios de órganos”, afirmaban los familiares de jóvenes desaparecidos durante un cierto número de días, y devueltos ya cadáveres, tras la autopsia. ¿Por qué mantenían los cuerpos en su poder hasta por cinco días?¿Qué les sucedía a los cuerpos durante ese periodo de tiempo? ¿Por qué hacían autopsias contra la voluntad de las familias, cuando la causa de la muerte era obvia?¿Por qué devolvían los cuerpos durante la noche?¿Y por qué con escolta militar?¿Por qué el lugar era evacuado durante el funeral?¿Por qué cortaban la electricidad? Los familiares de los palestinos muertos no albergaban duda alguna sobre el motivo de los asesinatos, pero el portavoz del ejército israelí afirmó que las acusaciones del robo de órganos eran falsas. Dijo que todas las víctimas palestinas eran sometidas a autopsias rutinarias. Cuando los cuerpos eran finalmente devueltos a las familias, a menudo la parte superior del cuerpo estaba vendada, cuando las vendas eran retiradas se descubría que la caja torácica había sido rellenada de gasas y que faltaba el corazón y otros órganos.

Durante varios años, desde el 2001, han circulado acusaciones contra el patólogo de Estado israelí, Yehuda Hiss, sospechoso de robo de órganos. Hiss era el director del Instituto Forense Abu Kabir de Tel Aviv. La revelación de la presencia de órganos humanos conservados ilegalmente en el mencionado instituto forense llevó al miembro de la Knesset Anat Maor, presidente de la Comisión Científica del Parlamento, a pedir la inmediata suspensión del director, el Profesor Yehuda Hiss. Las autoridades eran conscientes de la conducta ilícita de Hiss ya desde el año 1998, y durante años no hicieron nada. En el año 2001, una indagación del Ministerio de Sanidad israelí descubrió que Hiss había estado involucrado durante años en la extracción de órganos como piernas, ovarios y testículos, realizados sin el consentimiento de los familiares, para posteriormente vender los órganos a escuelas de medicina donde eran usados para la investigación y la formación.

A pesar de haber sido nombrado jefe patólogo en el año 1988, Hiss no fue nunca incriminado, pero en el año 2004 fue obligado a dimitir de la dirección del obituario nacional, después de años de quejas. Sin embargo se mantuvo como jefe patólogo y, tras unos años, volvió a ser director del Instituto Forense, si bien en el año 2009 fue nuevamente acusado de haber estado extrayendo órganos de los mártires que se habían visto envueltos en las operaciones militares contra Israel, para venderlos o cederlos a hospitales israelís. Su despido definitivo fue ordenado definitivamente por el viceministro de Sanidad Yaakov Litzman el 15 de octubre de 2012.

Fuente: L´Antidiplomatico

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