La solución de la alcaldesa de Colonia: un «código de conducta» para mujeres

La alcaldesa de la ciudad alemana de Colonia, Henriette Reker, que fuera sospechosamente elegida corregidora de la ciudad el pasado octubre tras sufrir un intento fallido de asesinato el día anterior a su elección, se ve sobrepasada por las actuales circunstancias.
Tras los abominables acontecimientos acaecidos en la ciudad durante la pasada Nochevieja, en los cuales un centenar de mujeres alemanas fueron asaltadas y agredidas sexualmente por mil inmigrantes árabes y africanos que actuaban de forma coordinada, la alcaldesa de ha advertido a las mujeres que deben adoptar un «código de conducta» que asegure su integridad física.

Hasta un total de trescientas setenta y nueve denuncias de agresiones han llegado a las autoridades policiales de Colonia por parte de mujeres que aseguran haber sido víctimas del ataque de árabes y norteafricanos que se concentraron en los alrededores de la estación de tren de la ciudad; y el número de denuncias registradas para la víspera de Año Nuevo en todo el país ya sube a quinientas.

La alarma despertada por las agresiones sexuales ha provocado que la alcaldesa declare públicamente la necesidad de prevenir futuros ataques, para lo cual, según ella, las mujeres han de «[…] mantener un brazo de distancia de los extraños, para estar segura de que no pareces estar demasiado cerca de personas desconocidas, y con las cuales no tienes una relación de confianza», no separarse del propio grupo y pedir ayuda a los transeúntes.

Pero las declaraciones que han resultado más polémicas y por las que la alcaldesa ha recibido más críticas han sido en las que la edil ha aconsejado «no acercarse mucho a personas extrañas o con quienes no se tiene una buena relación de confianza» y no irse «con uno o con otro» dejándose llevar por la euforia de la fiesta.

 

No es ya solamente que estas lamentables declaraciones atenten contra el honor y la dignidad de las mujeres que fueron brutalmente asaltadas y, en general, contra el de todo el género femenino, sino que suscitan y dan a entender que fueron las mujeres quienes buscaron ser agredidas y que, en definitiva, son ellas las culpables de las agresiones; pues su vestimenta y comportamiento pudo ser malinterpretado por hombres con un fondo sociocultural muy distinto al nuestro. Y por ello, y lo que es aún más deprecable, la actuación de estos mediohombres estaría «justificada».

Al hilo de esta deshonrosa culpabilización de las víctimas, un usuario de Facebook de nombre Salvatore Giuliano, publicaba en su perfil: «Habría que tener en cuenta también cómo iban vestidas ellas, si iban solas o cómo miraban a los hombres. Tengamos en cuenta que los jóvenes musulmanes que llegan a Europa tienen unos valores culturales y sociales muy diferentes a los nuestros y si queremos acogerlos con dignidad y eficacia debemos hacer que se sientan a gusto y no provocarlos». Esto es, que no deben ser los inmigrantes quienes se adapten a su nuevo hogar, sino que debemos ser nosotros, la población autóctona, los que nos adaptemos a sus modos de vida.

Es difícil poder situar estas declaraciones dentro del abanico de la imbecilidad, pero sí podremos decir que van del estúpido al complejo de inferioridad.

A pesar de la débil actuación de las fuerzas de seguridad, ya hay detenidos dos carteristas de 16 y 23 años, de nacionalidad marroquí y tunecina respectivamente. Según las informaciones de la prensa local, en sus móviles se hallaron grabaciones de agresiones sexuales a mujeres, aunque las autoridades, que investigan a 31 sospechosos —18 de los cuales son refugiados, tal y como ha publicado un informe del diario Spiegel; y el resto, africanos— aún no lo ha confirmado. Algunos vídeos, no obstante, ya circulan por las redes sociales.

«Todo lo que sabemos es que los agresores eran en su mayoría hombres jóvenes de 18 a 35 años de la región árabe del norte de África». A propósito, la policía justificó su impasibilidad durante los acontecimientos alegando que no oyeron nada «por el ruido de los fuegos artificiales», a pesar de que se ha reportado, había presencia policial en las inmediaciones de la estación para asegurar «la correcta marcha» del espectáculo de pólvora, lo que evidencia una vez más el miedo de las autoridades a la hora de abordar delitos que pueden acarrear una problemática racial y el tupido velo que algunos quieren dejar caer sobre las agresiones y sus perpetradores.

La política migratoria de Ángela Merkel, que ha acogido un millón de «refugiados» en Alemania durante este último año 2015, se ha colocado de nuevo en el punto de mira de la opinión pública y ha suscitado infinidad de críticas. Ante esto, muchos han querido precisamente restar importancia al origen de los atacantes, alegando que aquello podría ser utilizado para sembrar y alimentar el racismo y la xenofobia en el país.

Da la casualidad, sin embargo, de que aquellos «muchos» son justamente quienes generalizan cada vez que se destapa un caso de pederastia en una institución eclesiástica diciendo que toda la Iglesia al completo es un nido de pederastas. Y, añaden, que la especulación de que los atacantes sean refugiados es «absolutamente indamisible», a pesar de que, en todos los casos, las víctimas describieron un perfil de hombre que encaja con la media de «refugiados» que está llegando a Europa. De hecho, las autoridades ya ha confirmado oficialmente que entre los agresores había refugiados sirios, iraquíes y afganos.

Lo cierto y verdad es que mil árabes y norteafricanos coordinados asaltaron a más de un centenar de mujeres en Nochevieja; mil. Y no sólo en Colonia: entre los casos de esta misma ciudad, Hamburgo, Stuttgart, Fráncfort, Düsseldorf, Weil, Bielefeld y una veintena de ciudades, se cuentan al menos 500 denuncias por este tipo de ataques. Vale ser demagogo para tener el coraje de negar la raíz del problema. Repito: mil. Algunos aún esperamos la condena de grupos de la progresía feminista como Podemos y Femen, que prefieren callar y dar la espalda a este tipo de asalto sexual masivo, el más despiadado en Europa desde que el Ejército Rojo y sus aliados capitalistas violaran cerca de un millón de mujeres alemanas durante la posguerra.

Desde Debate Prensa queremos expresar nuestra repulsa ante tales barbáricas agresiones y nuestra más firme condena tanto a éstas como a los comentarios que les han seguido en lo sucesivo por boca de muchos indecentes. Del mismo modo, exigimos que estos acontecimientos no queden relegados a un segundo plano u olvidados por la Justicia a causa de la nacionalidad extraeuropea de los delincuentes, tal y como ocurrió con los horribles sucesos de Rotherdam, en los cuales un total de 1.400 niños fueron sexualmente abusados entre 1997 y 2013 por 5 pakistaníes.

 

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Asimismo, esa misma noche se reportaron en Bruselas varios casos de violencia callejera en los que fanáticos sunitas arrojaron un coche por el Metro de la ciudad y quemaron un árbol de Navidad.

De vuelta en Colonia, un grupo de inmigrantes sunitas lanzaron sin pudor alguno cohetes contra la antiquísima catedral gótica de la ciudad y sobre el resto de la ciudad, disparando también pistolas como si de una zona de guerra se tratara e infundiendo el pánico entre el vecindario. En este vídeo se puede incluso ver a un criminal turco jactándose a cara descubierta de haber violado en grupo a una «niña alemana virgen».

Pero no solamente Alemania se ve afectada por este tipo de acontecimientos: en Francia, Países Bajos, Dinamarca y los países escandinavos se ha impuesto un férreo silencio mediático sobre los delitos cometidos por inmigrantes para que no peligre la «tolerancia» y su «correcta integración». Así, es una realidad silenciada que Suecia se ha convertido en el centro neurálgico europeo del crimen, aumentando los delitos que implican violencia en un 300% desde 1975, fatídica fecha en que el parlamento decidió por unanimidad convertir la antigua Suecia homogénea en una Babilonia multicultural, al mismo tiempo que las violaciones se han disparado en un 1.472%. Detrás de la gran mayoría de estos delitos se encuentran inmigrantes, tal y como sucede en la vecina ciudad de Oslo, donde en el periodo del 2010 hasta el 2015, absolutamente todas las violaciones ocurridas fueron perpetradas por «no occidentales», eufemismo de la neolengua impuesta en los países nórdicos para referirse a los inmigrantes musulmanes. Nosotros no reparamos en complejos a la hora de abordar estos temas. Y con ello, hablamos alto y claro.

El hecho de que todas estos actos delictivos se cometieran sistemáticamente el mismo día de Nochevieja no es una paradoja, sino que representa un ataque en toda regla a los europeos y a nuestra tierra. La provocada coincidencia por la fecha y la cantidad de grupos reunidos no por un casual, sino de forma planeada y el modus operandi de los agresores, que en todo momento coordinaron sus ataques en grupos, ha suscitado, cuanto menos, rumores acerca de que todo aquello pueda tener una posible significación especial.

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