Abengoa y los pueblos: realidad, similitudes y formas de esclavitud modernas

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Se ha levantado polémica estos últimos días en torno a la situación de la empresa andaluza Abengoa. La problemática hunde sus raíces en que la compañía no tiene liquidez: de ahí que haya entrado en concurso de acreedores y que esté a punto de declarar la suspensión de pagos. Y no tiene liquidez puesto que los intereses que le cobra la Banca absorben el beneficio al completo.

Ésto es música para nuestros oídos; las noticias no podrían ser mejores. Es el retrato vivo de la realidad social. Abengoa se ha dedicado a financiar sus proyectos tanto en territorio nacional como extranjero con préstamos bancarios: «necesitamos financiar un futuro proyecto en Australia de 2.000 millones de euros; tome usted los dos mil millones al 3%». He aquí el poder esclavizador del interés. Abengoa se ve colapsada por los préstamos: ha hipotecado su futuro. Y su futuro se ha hundido por los créditos. Ya no hay beneficios para la empresa. Todos los ingresos se destinan al pago de unos intereses inasumibles. ¡He aquí el mecanismo capitalista para subyugar naciones y pueblos enteros al interés del dinero!

Más bien poco nos interesa el futuro de las trusts. Sólo concebimos un sistema económico verdaderamente libre y fructuoso en todos los aspectos para el hombre: el socialista. La economía es un medio al servicio de los hombres, y nunca al contrario. El fin último de la economía no debe ser tampoco la más completa —y por ello vacía— satisfacción de las necesidades materiales, sino la correcta repartición de los bienes. Todo sistema que se articule en torno a la usura es esclavo del dinero; y como demuestra la historia, todo sistema articulado en torno al dinero es a su vez necesariamente esclavo del interés.

Se propuso en su tiempo y como paliativo frente a la situación de Abengoa una ampliación de capital en el seno de la empresa; pero la familia Benjumea, propietaria de la misma, se negó en un principio por el miedo a perder el control sobre ella. Nosotros nos preguntamos: ¿y para qué se propuso? ¿Para postergar la hecatombe indefinidamente? ¿O acaso para agrandar aún más si cabe el volumen de intereses?

Nosotros no tenemos, por el contrario, soluciones para esta empresa. Ni queremos reparar un solo segundo en ellas. Nos abanderamos, en cambio, de soluciones para la nación, para liberar al cómputo total del pueblo de la esclavitud del dinero: rechazar enteramente el conjunto de la deuda. La soga que la Finanza Internacional echó sobre nuestro cuello se ciñe y aprieta cada vez más fuerte contra nuestras gargantas. Las enfermedades se extirpan de raíz, y para evitar ser ahorcados, debemos cortar la cuerda y quemar el cadalso al que nos subieron. Maldita desventura la que nos depara de darse el caso contrario.

Diego Ayllón

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