La Toma de Granada y la Idea de España

El 2 de enero de 1492 se reconquistaron las tierras de Granada en nombre de la Reina Isabel y en favor de la Corona de Castilla. Hoy recordamos este acontecimiento.

Ferdinand_of_Aragon,_Isabella_of_Castile
Cuadro del s. XV representando a Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, padres del Estado moderno y del Imperio hispánico

Antes de abordar brevemente el tema que nos atañe, queremos destacar una serie de curiosidades relacionadas a dicho día y, en general, al proceso de la Reconquista.

La Reconquista, que fuera iniciada por un hombre, Don Pelayo, y concluída por una mujer, Ysabel, cobró tal magnitud e importancia para la lucha por la vida de Europa que el papado la designó como «Cruzada». Es por ello que los españoles tenían prohibido luchar en Tierra Santa: porque ya libraban su guerra santa propia.

El lector quizá desconozca que, el día 2 de enero de 1492, la reina Isabel se personó en la batalla para acompañar a sus tropas, tal y como hizo en la conquista de Málaga, y sufrió un intento fracasado de asesinato. Más allá, Isabel organizó seis grandes tiendas con camas, medicinas y vendas para atender a los soldados castellanos durante el asedio y a las que se dio el nombre de «hospital de la reina», creando así los primeros hospitales modernos.

La Toma fue protagonizada por Castilla con el apoyo de Aragón, la Orden de Santiago, Calatrava, Alcántara, San Juan y del Temple. La intervención de la artillería, dirigida por Francisco Ramírez de Madrid, fue decisiva; es más, la batalla trajo una nueva formación militar mixta que combinaba artillería e infantería en detrimento de la caballería: sería éste el germen de los temibles Tercios.

Consumada la entrega de las llaves de la ciudad, la noticia se extendió con rapidez y la gesta fue celebrada con festejos en toda Europa. En Roma se celebró una procesión de acción de gracias del colegio cardenalicio; en Nápoles se representaron dramas alegóricos de Jacopo Sannazaro, en los que Mahoma huía del león castellano; y en la Catedral de San Pablo de Londres, Enrique VII hizo leer una elogiosa proclama que en algún momento decía: «Este hecho acaba de ser consumado gracias a la valentía y a la devoción de Fernando e Isabel, soberanos de España que, para su eterna honra, han recuperado el grande y rico reino de Granada y tomado a los infieles la poderosa capital mora […]».

Hoy, cinco siglos después, muchos reclamamos una nueva Reconquista que devuelva a los españoles la soberanía que nos fuera ilícitamente extirpada treinta años atrás.

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El año 1492 supuso un punto de inflexión tanto en la historia española como en la universal: reconquista de Granada, firma de las Capitulaciones de Santa Fe y Descubrimiento de América. La Toma de Granada, tras un año de asedio, fue el culmen de la Reconquista, un proceso de reocupación cristiana de los territorios invadidos por los musulmanes que durara un total de setecientos años: desde la escaramuza de Covadonga, en el 722, hasta la efemérides que hoy conmemoramos.

Es imposible querer entender España sin tener en cuenta nuestra historia antigua. Y es que de hecho, la Idea de España tiene más de veinte siglos de historia.

La raíz etimológica de «España» es fenicia: fueron ellos, venidos de la ciudad de Tiro, en el actual Líbano, quienes pusieron a la Península tan antiguo nombre. No obstante, el sustrato histórico primigenio es probablemente de origen romano.

Los romanos tomaron de los fenicios la nomenclatura Hispania para denominar así a la provincia del Imperio que, tras una serie de modificaciones en sus fronteras y en su organización administrativa, pasó a estar dividida en cuatro: la Hispania Citerior, la Ulterior –Lusitania y Baetica– y la Nova Citerior. El término fue citado, sin embargo, por primera vez hacia el 200 a.C. por el poeta Quinto Ennio.

En el siglo quinto, los pueblos germánicos trajeron con su invasión una aristocracia militar clave para la constitución del primer estado de vigorosa personalidad en la Península, y asumieron y asimilaron la Idea y el sentir de Hispania, materializándolo y desarrollándolo en lo sucesivo. Ejemplo irrefutable de ello es la  De laude Spaniae, del erudito hispanogodo San Isidoro de Sevilla, que en uno de sus versos dice así: «¡Oh, España / tú eres la más bella / de todas las tierras!». La alusión en el Concilio de Toledo de 585 a un «totius Hispaniae, Gallie et Gallecie» ratifica la existencia innegable de la nacionalidad godohispánica, de los spanii —como gustaban llamarse por aquel entonces los herederos de tan noble legado—. Y así lo confirma de nuevo San Isidoro de Sevilla en su Historia Gothorum«Cuando [Suintila] ascendió a la cumbre de la realeza, conquistó las demás ciudades que tenía en Hispania el poder romano [los bizantinos], tras de luchar con ellas, y con gran felicidad, consiguió la gloria aumentada del triunfo por encima de todos los reyes anteriores, y fue el primero que poseyó la monarquía del reino de toda España que rodea el Océano, cosa que a ninguno de sus antecesores le fue concedida […]».

Esta Idea se perdió en rincones inhóspitos del norte peninsular a medida que la invasión mora se cobraba el territorio cristiano. Pero fue rescatada de la tradición cristiana hispanogoda por aquellas aristocracias militares, convertidas ya en monarquías, como una ambición; y, siguiendo el hilo de la Reconquista durante casi ocho siglos, vino a concretarse como motivo histórico en el año 1492. Prueba de ello son los testimonios de los reyes y nobles  astures, leoneses, castellanos, navarros, vascos, aragoneses y catalanes que Jesús Laínz recoge en su magnífica obra La nación falsificada.

Estas palabras escribe Jaime I el Conquistador en el Llibre dels feits tras haber logrado convencer a los aragoneses de que le fuera permitido acudir en ayuda de Alfonso X de Castilla, que se encontraba acuciado por la rebeliones nobiliarias, las sublevaciones moriscas y la invasión de los benimerines: «Mucho me asombro de vosotros [los aragoneses], pues sois gente dura para entender las razones; porque deberíais considerar de qué asunto se trata y tendríais que discernir si Nos lo hacemos con una finalidad buena o mala. Porque ciertamente creemos que nadie podría criticarnos, pues lo hacemos, en primer lugar, por Dios; en segundo, para salvar a España; y en tercero, para que Nos y vos tengamos gran mérito y buen nombre por haber salvado a España».

Unos años antes, el compilador anónimo del Cantar del Mío Cid —año 1.200 d.C.— dice de Alfonso VI de León «[…] su rey, el mejor de toda España».

Tras más de ocho siglos de encarnizada lucha, el Reino de los godos se había recuperado, rehecho y consumado con la Toma en un nuevo proyecto político y social unitario que integraba y armonizaba a los diferentes pueblos hispánicos.

No entraremos en complejos estudios de filología comparada para elegir una de las tantas hipótesis formuladas en torno al origen del término «España» en su versión moderna, si bien hemos de afirmar que éste se moduló hasta adquirir su gramática actual al tiempo que el latín se corrompía en lenguas romances.

De lo que no hay duda, compatriotas, es de lo siguiente: durante la Reconquista recuperamos todo el territorio ocupado y aseguramos nuestras fronteras; consolidamos el Estado, y a partir de ahí, el Imperio solar.

Diego Ayllón

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